¡Ojo al lobo!… Caperucita visita Madrid

Hace un tiempo escribí un post en el que desvelaba algunos de los secretos más inconfesables de las princesas de los cuentos. Al fin y al cabo por muy princesa que se sea, todo el mundo tiene su corazoncito y sus debilidades, y las princesas no iban a ser menos.

Ahora le ha tocado el turno a Caperucita roja. Una plebeya, sin duda, pero de la que se ha hablado mucho: tan buena, con sus trencitas, con su caperuza, haciendo esa labor humanitaria de llevar a casa de su abuelita enferma la cestita, pero… y ¿qué pasa con lo que no se ha contado?

La verdad es que nunca me había planteado las virtudes de Caperucita, era una niña y las niñas son intachables (a no ser que salgan en una peli de terror, que entonces dan más miedo que cualquier adulto). Así que como la imaginación da para mucho -sobre todo en los siglos anteriores donde no se andaban con chiquitas-, ahora el Museo ABC de Madrid quiere recoger algunos de estos relatos no tan dulces e ingenuos. Son los que verdaderamente se han contado a lo largo de los siglos, y que debían tener a los niños con los pelos de punta, los ojos como platos y sin dormir el resto de la noche.

Caperucita Roja en el Museo ABC. ©Adolfo Serra

Caperucita Roja en el Museo ABC. ©Adolfo Serra

Desde el 12 de marzo hasta el 31 de mayo, el Museo ABC de ilustración, recoge una exposición que, aunque está pensada para niños, con actividad de cuentacuentos incluida, en realidad quiere desvelar  un trasfondo mucho más aterrador.

Pocos relatos han sido tan controvertidos como este, y han sido muchos los que han hecho versiones muy diferentes sobre él. Su primera versión literaria (porque oral es más antigua. Dicen que proviene de un cuento africano, aunque el lobo no es tal, sino un animal salvaje) es de Charles Perrault, y fue publicada en 1697. Dicen que fue él el que quiso vestir a Caperucita con su famosa caperuza roja y el tarro de mantequilla (en mi versión es un tarro de miel), y dicen que esto ha dado mucho juego a los psicoanalistas… Tampoco estaba reflejado en el cuento primigenio la inocencia de la niña y su cruel final en el interior de la tripa del lobo. Aquí tengo que hacer un inciso para decir que tengo un libro de cuentos de Perrault que he tenido que dejar de contar a  mis hijas porque era sexista, atroz y despiadado, aunque en la actualidad siga habiendo muchos lobos con piel de cordero, ¡perdón! Quería decir vestidos con traje…

Caperucita Roja en el Museo ABC. ©Patricia Metola

Caperucita Roja en el Museo ABC. ©Patricia Metola

El caso es que las recopilaciones posteriores, como viene siendo habitual, fueron más benévolas con la niña, y suavizaron mucho toda la historia. Algunos incluso la llegaron a convertir en una especie de heroína que escapaba del lobo haciéndole creer que debía salir de la cabaña para “aliviar su vientre” (esa historia les encantaría a mis hijas que son muy escatológicas). También aparecía como una niña que se desnudaba despacio mientras arrojaba sus ropas al fuego al son de las palabras del lobo, quien la invitó a entrar en su cama (no creo que para contarla un cuento… no me imagino yo como terminaría el camisón de pelos, si es que lo llevaba puesto), pero además, la dulce niña, celebraba el evento bebiendo la sangre de su abuela, al creer que se trataba de vino (¡pero quién escribió esto, ¿Stephen King?!).

Lo que está claro, es que sea el relato que sea, la niña terminaba dentro de la tripa del lobo. No fue hasta principios del siglo XIX cuando los hermanos Grimm inventaron la figura del cazador bueno que salva a la niña.

En la exposición podremos ver las ilustraciones que se han hecho a lo largo del tiempo sobre Caperucita, enseñando los diferentes significados del relato. Dibujos hechos en distintas técnicas por grandes ilustradores como Ana Juan, Patricia Melota, Jesús Gabán, Julio A. Blasco, Gustave Doré, Tom Browne, Eulogio Varela, Narciso Méndez Bringa o Ana María García Badell.

Caperucita Roja en el Museo ABC. ©Mar Ferrero

Caperucita Roja en el Museo ABC. ©Mar Ferrero

Sin duda una exposición singular, de la que no os puedo hablar de mi experiencia personal porque todavía no he estado, (la información es la que me ha pasado el propio museo) pero que desde luego creo que dará mucho que hablar a mis hijas…

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