Esquí de fondo en familia

Hay pocos deportes que se puedan practicar en familia, sobre todo cuando nuestras gazapos no sobrepasan el metro y medio de altura. Ya desistimos del tenis debido al lumbago que nos dio tras recoger un millar de veces las pelotas del suelo, tampoco hemos insistido en el futbol porque darle a la pelota es muy complicado si vas disfrazada de princesa, y a Alba no hay manera de hacerla cambiar de idea con respecto al vestuario deportivo. Así que, tras mirar los precios del esquí de pistas en Valdesquí y llevarnos un susto morrocotudo, sobre todo si te toca alquilar todo el equipo familiar, decidimos probar con el esquí de fondo en Navafría que era bastante más asequible.

A pesar de que mis padres me inculcaron desde muy pequeña la idea de que había que saber esquiar (y todavía no sé porqué, porque que yo sepa no vivimos en Laponia y no hace falta ponerse los esquís para ir al colegio, sino que los días de nieve en Madrid más bien son escasos…) siempre había hecho lo que llaman esquí de pista, es decir, subirse a una pista inclinada y bajar por ella una y otra vez. Tengo que reconocer que la experiencia es divertida, sobre todo si vas con tus amigos y no tienes que preocuparte de ir mirando más hacia detrás, para ver si te siguen, que hacia delante. Pero lo cierto es que la economía en estos momentos no está para hacer gastos excesivos, así que decidimos probar algo diferente y más barato (el trineo lo tenemos muy usado), el esquí de fondo.

Esquí de fondo en familia en Navafría. ©Jose Ramon Aguirre

Esquí de fondo en familia en Navafría. ©Jose Ramon Aguirre

Y, tras la experiencia, tengo que decir que es una pena que efectivamente no vivamos en Laponia, porque me ha gustado bastante más que el otro tipo de esquí.

Se trata de ir con unos esquís ligeros y estrechos en los pies, también nos libramos de las espeluznantes botas del esquí de pista, ya que estas botas son mucho más cómodas y el pie no va anclado al esquí nada más que por la puntera, y a partir de ahora solo tenemos que ponernos a andar. No se trata de arrastrar el esquí por el suelo como cuando llevamos las pantuflas en casa, la cosa es un poco más complicada, ya que se trata de deslizarse, coger ritmo y recorrer un camino precioso disfrutando del paisaje.

Es perfecto para ir con los niños, creo que se puede practicar desde los 4 años, o desde que haya botas de su número…, las nuestras con un 28 de pie y 5 años fueron capaces perfectamente de recorrer unos 3,5 kms, que no es poco de pavo, lo que nos llevó unas 3 horas, en las que 1 hora fue de caídas en el suelo y 15 minutos para reponernos de las caídas con un piscolabis de azúcar (chuches y fruta a  tutiplén).

Esquí de fondo en familia en Navafría. © José Ramón Aguirre

También hubo caídas. © José Ramón Aguirre

La pista es una pista preparada, de hecho no puedes ir por tu cuenta, sino que hay que reservar previamente en el Centro de Esquí Nórdico y de Montaña de Navafría, http://www.navafriaesqui.com/, ubicado en el pinar de Navafría, en pleno Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama. Es una cabaña pequeñita donde podrás alquilar el equipo y sacar el forfait e ir a tu aire, o coger clases familiares o colectivas donde te explicarán un poco la técnica para que no estés más perdido que un ratón de biblioteca en la nieve.

Las pistas están perfectamente preparadas para la actividad, y el recorrido es entre pinos, lo que hace mucho más bonito el paisaje (incluso llega a haber silencio…). Cuentan con hasta 40 km esquiables y en el mismo refugio tienen baños, zona de picnic, vestuario y botiquín, aunque todo en versión mini (tenéis que probar el baño finlandés ¡todo un invento!)

Realmente es una actividad fácil (relativamente claro, si uno quiere tener una técnica más depurada ya requiere su tiempo), sobre todo para los que nunca se han atrevido han ponerse unos esquís.

Si el día invita, merece la pena llevarse unos bocatas y comer en el camino porque os aseguro que os va a dar mucha pena volver. Hasta las niñas, que ya no podían con su alma, pedían seguir más.

© Jose Ramon Aguirre

© Jose Ramon Aguirre

Por cierto, para aquellos que quieran probar más deportes, la propia escuela cuanta también con la posibilidad de hacer raquetas de nieve (para niños a partir de 7 años) y con Nordic walking, que consiste en andar de una forma dinámica con bastones, y que tiene la ventaja de se puede practicar aunque no haya nieve.

El refugio está abierto todos los días en invierno desde el 15 de noviembre al 15 de abril, de 9.00h a 17.00 h, y los precios oscilan entre los 10 € del forfait sin curso ni alquiler de equipo para una persona, y el pack familiar de 23 € con forfait y alquiler de equipo para 3 personas (+3 € por cada niño menor de 12 años). Las clases van desde 1 persona durante 1 hora 35 €, y para familias 4 personas durante 1 hora, unos 60 €.

©Jose Ramon Aguirre

©Jose Ramon Aguirre

Y si llega el verano y te has quedado con ganas de más, puedes apuntarte al Rollerski que esta escuela hace en la Casa de Campo y en el Retiro. (solo si antes has patinado o has hecho esquí de fondo ya que las caídas duelen más…)

¡Ya tenemos un plan más para los fines de semana!

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