La Gran Vía con viandas pijas. Gourtmet experience de Callao

Tengo que reconocer que, aunque me lo habían contado decenas de veces, no me convencía del todo la idea de cenar viandas “pijas” en un espacio moderno creado por el Corte Inglés. No podía alejar de mi cabeza la imagen de su antigua cafetería ochentera que hacía las delicias de las meriendas de las abuelas pero que a mí personalmente siempre me ha parecido un poco triste, cutre y revenida. Imaginaba un ligero lavado de cara en plan modernillo y poco más. Pero una amiga me convenció para ir, y tengo que reconocer que sus sugerencias siempre aciertan, así que elegimos el día y allí que fuimos dejando aparcados a los niños con sus respectivos padres y dispuestas a darlo todo esa noche como si no hubiera un mañana.

Así que con los tacones puestos, pintarrajeadas y en minifalda cual quinceañeras (cualquier momento es bueno para desempolvar la ropa de salir) entramos por la puerta principal del Corte Inglés (lo que resulta un poco extraño). Subimos a la novena planta y ¡oh sorpresa!, no hay ni rastro de la madera oscura ni de los camareros con pajarita, solo un supermercado gigante que abarca toda la planta donde se exponen a modo de perfumes caros las decenas de delicatessen que ofrecen. Cajas alineadas de diversos colores y tamaños que prometen que su interior te hará saltar de la mesa y ponerte a bailar el hula hula (para los que no son padres: baile que hace Timón y Pumba en el Rey de León, si quieres verlo aquí tienes el enlace http://www.youtube.com/v/_2pwbIZWs5o). El caso es que tengo que reconocer que tuve que hacer un esfuerzo y seguir hacia delante sin girar la cabeza no fuera a ser que acabase con varias bolsas de productos gourmet sin ser la propuesta de la noche.

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Al estilo mercado de San Miguel, pero un poco más fino, los puestos de los restaurantes se alineaban a la derecha ofreciéndote un escaparate gastronómico que hacía salivar incontrolablemente. El más llamativo el Street Xo, de estética callejera underground neoyorkina, repleto de gente que degustaban platillos de fusión oriental creados por el chef de DiverXoDavid Muñoz y que cuenta con dos estrellas Michelín, aunque esta es su versión más rápida y barata. También llamó nuestra atención Pizza al cuadrado,  nada que ver con las típicas franquicias italianas, sino que las pizzas son una versión de tapa gourmet pero a la máxima expresión: pizzas de berenjena, pesto y piñones, de higos con queso de cabra,, butifarra y cebolla caramelizada…   La famosa Hamburguesa Nostra con su amplia variedad de minihamburguesitas que, para el neófito en la materia, aseguro que son una auténtica delicia (además se puede comprar la carne para llevar a casa); Asador Imanol de pintxos varios, un mejicano de alto standing como La Central Mexicana; Mister Lee, japonés, chino y vietnamita; la panadería Harina, excelente si se va a una hora temprana, y La Máquina, un templo del pincho y la tapa que solo conocía de oídas y que fue nuestra elegida. No tengo palabras para describir el pincho de steak tartar y el de foie con cebolla caramelizada y manzana, solo decir que aunque mi amiga y yo teníamos mogollón de cosas que contarnos a mi me dieron ganas de callarme y tener un orgasmo culinario en silencio.

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Pero lo mejor fue cuando nos acercamos a los increíbles ventanales que rodean el local, y que hacen preguntarme ¿como coj…. no han aprovechado esto antes?. Unas vistas de los carteles luminosos de la Gran Vía dominado por el de Schweppes, y la vida de Madrid en plena ebullición nocturna, de verdad que aunque no se vaya a consumir nada hay que subir a verlo. Una decena de mesitas rodean la cristalera, con lo que es un poco difícil a veces acercarse a mirar, pero merece la pena dar algún codazo que otro para poder hacer una foto. También cuenta con una terraza abierta pero aclimatada si vas en invierno que, aunque no posee las vistas de la Gran Vía, tiene unas encantadoras vistas de los tejados del centro de Madrid.

Total, la experiencia un éxito, y lo mejor de todo, nada caro. Yo estaba preparada para desembolsar mis ahorros de toda la vida y resulta que las dos cenamos (ligero eso sí) por 35 euros. Evidentemente si te hinchas como una boa la cosa sale más cara, pero para picar unos cuantos pinchos, tomarte un vino y quedarte embelesado mirando por el cristal, es el lugar perfecto. ¡Ah! además ofrecen copichuelas, por supuesto “gourmet”, hasta las doce de la noche.

Perfecto para sorprender a tu pareja, en compañía de amiguetes o para enseñar los entresijos de Madrid a los extranjeros y quedar como un auténtico guía turístico.

Así que ya puedes ir buscando un día para colocar a los gazapos y escaparte a tu propia experiencia “gourmet”.

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