Tren de la Fresa ©JRAguirre

El super plan con niños: Tren de la Fresa con paseo en barco por el Tajo

Hace años que vengo oyendo hablar de lo espectacular que es el Tren de la Fresa. Aún así, en mi cabeza se dibujaba un simple tren, sin más, que te llevaba al Real Sitio de Aranjuez. Pero las casualidades del destino, o más bien de mi profesión, hicieron que el domingo pasado acabase con mis posaderas, y las de mis tiernas polluelas, sobre aquellos bancos de madera que una vez formaron la segunda línea de ferrocarril de la Península. Si tengo que resumirlo en dos palabras serían: ¡Planazo increíble!

La idea era que mis dos gazapas de 8 años disfrutasen de un paseo en tren, ya que nunca han tenido ese placer. Pero lo que nunca imaginé es que yo, a mis 44 añazos y con largo historial de viajes sobre los rieles de la comunidad madrileña en los trenes de cercanías, disfrutase de la experiencia cual gorrino en charco de barro.

Precioso tren histórico de de madera ©JRAguirre
Precioso tren histórico de de madera ©JRAguirre

El caso es que junto con los billetes del Tren de la Fresa puedes elegir varias opciones de recorrido:

  • Ruta 1: Coges el tren ida y vuelta y te lo montas a tu libre albedrío.
  • Ruta 2: Tren de la Fresa + Chiquitren + Jardín del Príncipe, con tiempo libre.
  • Ruta 3: Tren de la Fresa + Ruta guiada por los Jardines y el Palacio + Paseo en Barco por el Tajo.
  • Ruta 4: Tren de la Fresa + ruta en autobús hasta el Museo de Falúas + visita guiada a Palacio.
  • Ruta 4.2: Una variante de la anterior + Jardines del Príncipe.
  • Ruta 5: Tren de la Fresa + visita al Real Cortijo San Isidro y cata de vino en las bodegas + MUSEO Taurino y la plaza de toros, en autobús.

Nosotros elegimos la ruta 3, llamada “Fresas al Tajo”, porque nos parecía que era la más adecuada para los niños.

El viaje comenzó en la estación de Príncipe Pío donde dos revisores con gorra de ferroviario del siglo XIX y un pito, nos recibieron y colocaron en el andén correspondiente.

Entonces, un tren de madera, al estilo de las películas del oeste, entró pitando por la estación y se paró en nuestras narices, y en ese preciso instante, volví a tener 8 años yo también.

Como en las películas de Agatha Christie, el tren prometía ofrecernos un viaje de lo más interesante. Así que, tras el fotocall de rigor frente a aquella maravilla del siglo pasado, nos subimos a sus vagones de madera con el fulgor del que se sube a un Lamborghini. Y, cual rubia que recorre Marbella con sus mejores galas, disfruté del viaje en tren con mi pelo al viento y una sonrisa en la cara que me duró hasta que unas señoritas vestidas de época me sirvieron unas cuantas fresas de Aranjuez, y tuve en consideración cerrar los labios no fuese que se me escapase alguna de ellas, para disgusto de los demás viajeros.

El caso es que no había visto a mi hija Alba tan feliz desde su exhibición de gimnasia rítmica. El trasiego de pasajeros arriba y abajo por el tren era considerable, pero es que quedarse sentado mirando por la ventana sin disfrutar a fondo de aquellos vagones era un pecado mortal, así que decidimos pecar hasta el final del vagón, donde nos esperaba un balcón como esos que salen en las películas de África, donde la niña se despide de sus familiares asomada a él, y les ve alejarse mientras corren como posesos por las vías antes de que el tren se aleje para siempre de sus vidas.

Según nos contaron, este tren era de principios del siglo XX, y no fue de los que trajeron fresas de Aranjuez a Madrid (motivo del nombre del tren) sino de los que recorrió la costa del Mediterráneo, ya que los trenes que transportaban fresas, además de otros productos de la huerta, hacia Madrid, eran más bien de mercancías, y claro, llevar a los pasajeros como si fuésemos lechugas pues no está bien visto.

En los balcones del Tren de la Fresa © Jose Ramon Aguirre
En los balcones del Tren de la Fresa © Jose Ramon Aguirre

El Tren de la Fresa no circula todo el año, sino solo en primavera y en otoño, así que no tardéis en sacar los billetes si queréis disfrutar de la experiencia.

Al llegar a la estación de Aranjuez, nos recibió una guía que nos mostró parte de los encantos turísticos de la ciudad, como el impresionante Palacio y sus aledaños. Una casita de verano que tenía el rey de aquel entonces, Felipe V, en el siglo XVII para pasar sus primaveras entretenido. Vamos, lo mismo que hacemos los demás mortales cuando nos vamos a Gandía una semana al año, pero a lo grande.

Un paseo nos mostró las posesiones reales de aquellos entonces, y nos condujo a la segunda de las experiencias del día ¡el barco por el Tajo!

Tengo que decir que, así como mis hijas se quedaron extasiadas con el tren de madera, el barco las decepcionó. No tanto por el paseo en sí, sino por el aspecto de barco turístico acristalado hasta las trancas. El tren había puesto el listón estaba por las nubes, y en sus cabezas esta vez se había dibujado la idea del crucero de Agatha Christie en Muerte por el Nilo, y claro no es lo mismo.

Barco por el Tajo en Aranjuez ©Jose Ramon Aguirre
Barco por el Tajo en Aranjuez ©Jose Ramon Aguirre

El paseo fue agradable, acompañados de un refresco veíamos los cientos de piragüistas que navegaban el Tajo compitiendo contra la velocidad de nuestro peculiar barco, y que se afanaban por apartarse a los lados para no ser arrollados. Una exuberante vegetación de ribera dominada por patos y gansos acompañaba el paseo, y si no llega a ser por la música al estilo de fiesta ibicenca, que sonaba a todo trapo por un altavoz del barco, hubiéramos conseguido escuchar el silencio del río y los improperios de algún que otro piragüista sorprendido ante nuestro paso. Cuarenta y cinco minutos de recorrido nos bastaron para convencernos que el próximo viaje a Aranjuez será en canoa remando a brazo partido con nuestras cachorras.

Barco turístico por el Tajo en Aranjuez ©JRAguirre
Barco turístico por el Tajo en Aranjuez ©JRAguirre

El hambre apretaba, así que en el embarcadero buscamos un sitio para llenar la panza, pero Aranjuez es tierra de turista, así que los precios se han hinchado como las mejillas de mi hámster y nos costó encontrar un sitio de precio asequible a nuestros bolsillos.

Pero mira tú por donde, que el camino, y unas referencias de internet, (para qué negarlo) nos condujeron hacia el Mercado de Abastos en el centro de la ciudad. En cuyo interior se encuentran una serie de restaurantes de menú caseros que levantan las pasiones de un octogenario. El Patio del Mercado, así se llamaba el lugar. Un templo del deleite del menú para elefantes por 15 euros. Medio menú para las niñas bastó, y a mí me sobró todo el segundo plato, el pan y el café. Eso sí, hay que hacer cola porque parece ser que este “descubrimiento” es popular entre los lugareños.

Mi remordimiento de haberme zampado un plato de judiones con chorizo incluido, duró poco, porque nos esperaba un largo paseo por el Jardín del Príncipe con guía incluida. Recomiendo que esta opción se escoja si llevas niños acostumbrados a andar, porque la verdad es que se hace largo, sobre todo con la panza llena. Quizás, si tienes niños pequeños es mejor hacer el recorrido a tu aire y así poderte sentar en cada banco del camino, amén de que te pierdas algunos rincones y tengas que volver en otra ocasión a visitarlos.

Jardín de Palacio ©JRAguirre
Jardín de Palacio. Aranjuez. ©JRAguirre

La vuelta en tren fue tranquila, al vaivén de aquel traqueteo con banda sonora de madera, los pasajeros eran incapaces de mantener los párpados abiertos y se quedaban tiesos en sus bancos, y el sol contra la ventana terminaba de llevar a más de uno a los brazos de Morfeo. Mis hijas no sucumbieron a esos encantos tan mundanos, y prefirieron pasar el viaje en los balcones entre vagón y vagón, pelo al viento y con la vista de los campos primaverales, y algún que otro polígono industrial, bajo el sol del atardecer.

Sin duda, una experiencia que no olvidarán, ni yo tampoco.

Atardecer y vuelta en el Tren de la Fresa hacia Madrid ©Jose Ramon Aguirre
Atardecer y vuelta en el Tren de la Fresa hacia Madrid ©Jose Ramon Aguirre

 

Dónde sacar los billetes: 

  • Estaciones de ferrocarril que dispongan de venta anticipada
  • Agencias de viajes
  • A través del teléfono 912 320 320 (venta telefónica de Renfe)
  • Venta online de Renfe desde:

– Trenes ordinarios: www.renfe.com

Calendario de trenes 2018: Total 32 circulaciones

Desde mediados de abril, hasta el 21 de octubre

Precio:

RUTA 1 – Fresas al natural
PRECIOS
Adultos 23 €
Niños (de 1m. a 1,40 de altura) 10 €Incluye
– 9:50 a 10:50 Viaje Ida y vuelta en el Tren de la Fresa
– Visita libre a Aranjuez
RUTA 2 – Fresas con nata
PRECIOS
Adultos 26 €
Niños (de 1m. a 1,40 de altura) 17 €Incluye
– 9: 50 a 10:50 Viaje Ida y vuelta en el Tren de la Fresa
– 11:15 a 12:10 viaje en tren turístico por Aranjuez (Chiquitrén)
– 16:30 a 17:45 Visita guiada andando al Jardín del Parterre y de la Isla
RUTA 3 – Fresas del Tajo
PRECIOS
Adultos 30 €
Niños (de 1m. a 1,40 de altura) 19 €Incluye
– Viaje Ida y vuelta en Tren de la Fresa
– Visita guiada a pie de los exteriores de Palacio Real y los jardines del Príncipe, Parterre y Rey
– Recorrido en barco turístico (45 minutos) con refrescos a bordo
RUTA 4 – Fresas Reales
PRECIOS 
Adultos 30 €
Niños (de 1m. a 1,40 de altura) 19 €Incluye
– Viaje Ida y vuelta en Tren de la Fresa.
– Traslados de la estación a la zona monumental y regreso en autocar.
– Visita guiada al Palacio Real (45 minutos)
– Visita al Museo de Falúas y al Jardín del Príncipe
RUTA 5 – Fresas con vino
PRECIOS 
Adultos 40 €
Niños (de 1m. a 1,40 de altura) 22 €Incluye
– Viaje Ida y vuelta en Tren de la Fresa
– Traslado a la bodega y regreso en autocar
– Visita a la bodega del Real Cortijo construida por Carlos III en 1782 y cata de dos vinos
– Visita a la plaza de toros construida por Carlos III en 1797

 

Duración de la visita: Desde las 9:30 de la mañana hasta las 8 de la tarde.

Precio del barco:  Solo si no va incluido en el pack de la ruta. 12 euros adultos. 6 euros niños menores de 1,40 m. Gratis los menores de 1 metro.

 

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