Ruta a la cascada del Purgatorio. Un río entre bosques!!

En nuestra obsesiva intención de convertir a nuestras niñas en auténticos masais, dispuestas a recorrer media comunidad autónoma y parte del extranjero madrileño, decidimos comprar una botas montañeras  en Decathlon (imprescindibles para estos menesteres) y lanzarnos a la aventura de intentar llegar hasta el final de la ruta de la Cascada del Purgatorio, en Rascafría.

Ruta fácil con niños a la cascada del Purgatorio

El objetivo era ambicioso, ya que la ruta cuenta con 6 km de ida y otros 6 de vuelta (12 km en total por si estáis un poco espesos), y hasta ahora lo más que habían andado nuestra gazapas eran 5 km hacía medio año. Así que metimos unos cuantos bocatas en la mochila, doscientos litros de agua, y emprendimos la ruta con la intención de ver hasta dónde llegábamos.

La ruta parte frente a la entrada del Monasterio de El Paular, y es perfecta para niños. El camino es casi llano, fácil y entretenido (esas son las ventajas), los inconvenientes son que, si vas en fin de semana con buen tiempo, la ruta se convierte en una romería. Lo cierto es que la mayoría de la gente se queda en los 3 primeros kms así que no desesperéis en el intento porque según vayáis ascendiendo veréis que ya no vais tan agobiados.

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Puente de El Perdón. © José Ramón Aguirre

Lo primero que encontramos son unas cuantas ovejitas negras pastando en un redil y, a continuación, el precioso Puente del Perdón, del siglo XVI. Lo atravesamos y andamos por un camino semi asfaltado hasta las piscinas naturales de Las Presillas (para el que no las conozca son una de las mejores alternativas a las piscinas públicas, pero eso os lo cuento en otro post). Continuamos, el camino se vuelve de tierra mientras asciende ligeramente, aunque vuestros vástagos ni se darán cuenta.

Durante el sendero nos encontraremos varias bifurcaciones, ante la duda yo siempre sigo a la mayoría de la gente y suelo acertar, pero si tenéis la suerte de que no haya nadie, hay unas indicaciones hacia la RV6 (no la RV1). Pero tras la primera indicación ya no encontraréis más señales, así que deberéis seguir vuestra intuición, aunque no os preocupéis porque la mía suele ser nula y en esta ocasión es difícil equivocarse de camino porque la senda es ancha y bien delimitada.

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Camino de la cascada del Purgatorio. © José Ramón Aguirre

Durante casi todo el camino podréis ver a vuestra derecha el arroyo del Aguilón, uno de los más caudalosos del río Lozoya. Cristalino, y tan bonito como frío, hay que tener mucho valor para poder introducir el pie en él, aunque a las niñas les importó un comino, porque ya se sabe que los niños por muy suaves que parezcan por fuera, poseen en su interior una piel de foca ártica escondida, que ya pueden estar metidas en agua de deshielo que a ellas le parece una playa de las Bahamas.

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Comida y descanso a medio camino. © José Ramón Aguirre

Atravesamos varias cercas de metal que, hay que abrir si están cerradas (no conviene pasar con ellas cerradas porque puede resultar doloroso) para continuar el camino. Son para el ganado, ya que podréis ver que a lo largo de toda la ruta encontraremos en los lindes del camino vacas y caballos.

En algún momento llegaremos frente a una finca vallada, a no ser que prefiramos que nos llamen la atención, conviene dejarla a la izquierda.

Merece la pena pararse a observar los charcos porque están llenos de renacuajos y las niñas se volvían locas intentándolos coger (misión imposible), y salirse alguna vez del sendero a descansar y remojar los pies en las mini playitas que se han formado en la rivera del río. Nosotros decidimos parar a comer en una de ellas a 4 km del inicio para hacer más ameno el camino y porque no había nadie (incluso pude dormirme la siesta mientras el resto del clan familiar se dedicaba a molestar).

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Tras el descanso, las conejillas pudieron seguir subiendo sin quejarse en ningún momento. Advierto que el camino se va complicando a medida que subimos, sobre todo cuando llegamos a una pradera con un puentecito de madera donde se puede cruzar al otro lado del riachuelo. A partir de ahí el sendero se estrecha, la pendiente se pronuncia y las rocas se adueñan del camino (todo un reto para los niños que escalan por ellas como salamandras mientras yo me debato entre la dignidad o romperme un tobillo). Aquí conviene tener un poco de psicología infantil para que los zagales no se desanimen porque ya queda poco para la meta.

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Puente de la pradera. © José Ramón Aguirre

Y, por fin, se escucha la cascada del Purgatorio, que aunque parezca que no se puede uno acercar más, sí que se puede, porque al final hay un pequeño mirador vallado donde hacerse la esperada fotofinish. Aquí mis hijas pudieron comprobar in situ lo que es una cascada ya que estuvieron toooodo el camino preguntándome qué era eso y por mucho que se lo explicase no alcanzaban a imaginarlo.

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Fotofinish de la cascada del Purgatorio. © José Ramón Aguirre

Tras una merecida merienda comienza el descenso, mucho más ameno y rápido, aunque tuvimos que improvisar algunos cuentos y sacar canciones de la infancia que ni siquiera sabía que tenía ahí (y luego dicen de los psicólogos, pero una buena caminata es mucho más terapéutica).

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© José Ramón Aguirre

Tras todo un día de ruta podemos decir con orgullo: ¡¡¡PRUEBA SUPERADA!!!!

De aquí al Turmalet.

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¡Prueba superada!. © José Ramón Aguirre

Salida: Puente del Perdón, frente al Monasterio de El Paular.

Km: 6 de ida y 6 de vuelta.

Dificultad: Fácil, perfecta para niños. Incluso la primera parte se puede hacer en bici y con carrito de niños, la segunda ni de broma.

Precio: ¡¡Gratis!!

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9 comentarios sobre “Ruta a la cascada del Purgatorio. Un río entre bosques!!”

  1. El recorrido muy bueno, los kilómetros a recorrer también, la narración y las fotografías también excelentes.
    Enhorabuena!!!

    1. Hola Nacho, te puedes bañar durante todo el recorrido menos en la cascada,porque la fuerza del agua es muy fuerte y creo recordar que está vallado. Es un poco escurridizo para los niños, aunque hay algunas pozas más tranquilas. Cuanto más arriba subas menos gente encontrarás.

    1. Hola Lorena, cuando hicimos la ruta mis hijas tenían 4 años, y la verdad es que eran muchos kilómetros para recorrerlos deprisa. Así que fue a lo largo de todo el día. Salimos a las 12 de la mañana, llevamos galletas y pan para entretenerlas un rato, y cuando llevábamos más o menos 4 km y vimos que ya estaban cansaditas, paramos a comer al lado del río. Se bañaron y descansamos unas 2 horas, y luego nos pusimos en camino de nuevo, ya solo quedaban 2 km hasta la cascada, y contando cuentos y canciones, se nos pasó enseguida. A la vuelta, merendamos en la mitad del camino, y fuimos buscando renacuajos en los charcos del sendero, y como es ligeramente en descenso, fueron bastante más aprisa que a la ida. Fuimos a su ritmo todo el tiempo, y llevamos algún chupachús y alguna que otra chuche como incentivo, también funciona muy bien lo de los cuentos y las canciones por el camino cuando empiezan a quejarse, aunque la verdad es que fueron estupendamente y apenas dijeron nada. A las 6 de la tarde estábamos de vuelta y durmieron como leonas. Yo te la recomiendo, sobretodo en primavera, en verano puede que haga demasiado calor para los niños.

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