Al Mercado de Cervantes con niños. Una vuelta por el siglo de Oro

Creo que no hay mercadillo medieval en España con más caché que este. El Mercado Cervantino de Alcalá de Henares es un plan con niños ineludible del otoño en Madrid, y os puedo asegurar que eso de ir de mercadillo no es algo que les apetezca a mis hijas, si no a mí. Pero la promesa de un torneo de justas entre caballeros y un paseo en camello, convence a cualquiera…

Un paseo con niños por el Mercado del Quijote

Así es, el Mercado Cervantino que se celebra a principios de octubre (este año toca entre el 8 y el 12 de octubre de 2018) en Alcalá de Henares, marca el punto de inicio de nuestras rutas con niños otoñales a la Comunidad de Madrid. No existe cumpleaños, parque temático o fiesta familiar que nos desvíe del planes previsto: Ir a los juegos y teatrillos que se organizan en esas fechas en Alcalá de Henares.

Mercado cervantino con niños. Torneo de Justas
Mercado cervantino con los niños. Torneo de Justas

Dicen que se trata del mercado temático más importante de España, con casi 200.000 visitantes (prepárate para recibir pisotones) y no me extraña, ya que el despliegue que se hace por todo el centro de la ciudad es de digno de ser admirado por lo menos una vez en la vida: tiendas con tejados de paja donde se venden jabones artesanales, aceites y otras esencias aromáticas, recetas de las abuelas y tatatatarabuelas de pasteles ancestrales, panes ecológicos de todo tipo, artesanía de la buena, buena (es decir, no la que se compra en el chino), collares, diademas de flores, pulseras de hilos y plata, muñecos de trapo… Vamos que a mis hijas se les saltan los ojos de las órbitas nada más atravesar la puerta de entrada de la ciudad.

Mercado del Quijote en Alcalá de Henares.
Mercado del Quijote en Alcalá de Henares.

El Mercado del Quijote, coincide con la Semana Cervantina, que se hace en honor a Cervantes (evidentemente) en la ciudad sobre el 9 de octubre, y supone una de las mayores atracciones que se hacen en su homenaje pero no la única, ya que también hay lecturas dramatizadas, jornadas gastronómicas de aquel entonces, y decenas de eventos más. Pero, sin duda, el colorido y despliegue de este mercado es lo que más gente atrae, y os aseguro que merece mucho la pena verlo.

La caracterización de todo el mercado es impresionante. Todos van disfrazados a la moda del siglo de Oro (es decir, sacos a modo de vestidos y algún que otro adorno), y tan a pecho se toman eso de no salirse del siglo XVI, que está prohibido dar bolsas de plástico en las tiendas (en aquel entonces se estilaba más la palmadita en la espalda y te lo llevas en la mano); tampoco pueden los vendedores llevar reloj de pulsera,  hablar por el móvil,  los ornamentos deben ser acordes con el siglo (nada de baratijas de plástico) o usar balanzas electrónicas, sino las balanzas romanas con las pesas de hierro que yo he visto todavía en algunas tiendas de pueblo. Un viaje al pasado muy didáctico para introducir a nuestros hijos en aquellos años de un solo vistazo.

Y, aunque a los padres nos tire más ir a ver los puestos, tomar el aperitivo y pasear por las calles de la ciudad, lo cierto es que no conseguiréis arrastrar a vuestros gazapos sino visitáis la zona infantil.

Toda una explanada donde los niños pueden ver un torneo de justas impresionante, donde los caballeros se enfrentan haciendo malabarismos sobre un caballo (que me pusieron los pelos de punta y a mis hijas las hipnotizaron durante una hora). Para los más pequeños también hay cuentacuentos dramatizados, juegos medievales, atracciones de feria varias, pueden montar en camello o en burro y sumergirse en aquel siglo de sombreros de tres picos y caballeros andantes mientras se comen una rosquilla artesana.

Entre los niños triunfó el año pasado la granja de animales pequeños, donde las niñas agarraron por banda a un pobre conejillo y lo besuquearon, acunaron y cantaron como a un bebé durante un buen rato, pero tampoco se libraron de los temidos mimos de mis hijas los pollitos, cabras o pavos (de los de verdad, no los que tienen los niños de 12 años), que huían de las garras de mis hijas en cuanto vieron el ataque de amor al que serían sometidos.

Por otro lado, encontrarnos paseando por las calles de Alcalá de Henares al ilustre Don Quijote montado sobre Rocinante y a su buen Sancho, – quienes deambulan como perdidos entre tanto gentío, ya que ellos deben estar más acostumbrados a las desiertas estepas manchegas que a tanto trasiego urbano -, fue todo un sock para mis hijas quienes supusieron, como en el propio libro de Cervantes, que aquellos eran dos personajes reales (quien sabe si youtubers famosos) de los que habían oído mucho hablar y no dos actores caracterizados.

Y, es que parte del encanto de este mercado medieval cervantino, es el gran elenco de actores que dan vida a las calles de Alcalá: músicos ambulantes, bailarinas árabes, titiriteros, duendes, brujas, hechiceros y algún que otro caballero con capa y sombrero.

Pasacalles en el Mercado cervantino de Alcalá de Henares
Pasacalles en el Mercado cervantino de Alcalá de Henares

Eso sí, preparaos para ir más apretados que un garbanzo en un cocido, porque quizás el único inconveniente que tiene este Mercado Medieval Cervantino de Alcalá de Henares es que es más conocido que el Primark de Gran Vía. Así que después de patear las calles de la ciudad con los churumbeles agarrados como dos garrapatas a vuestras piernas, recorreros todo el edificio de Ikea, sorteando carritos y muebles para llegar a la caja, os va a parecer un paseo por el desierto del Sáhara.

Recomendamos encarecidamente llevar botas duras para prevenir volver a casa con los dedos de los pies más finos y más negros que un papel de fumar. Por lo demás TOTALMENTE RECOMENDABLE.

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